/LABUL AL -‘ALA’ AL-MA’ARRI, FILÓSOFO Y POETA SIRIO: CIEGO

LABUL AL -‘ALA’ AL-MA’ARRI, FILÓSOFO Y POETA SIRIO: CIEGO

Sostuvo la teoría de los cuatro elementos, debatió sobre la eternidad del mundo rechazándola finalmente; reconoció la influencia del cosmos sobre la tierra, rechazó la astrología.

Lo han llamado el Lucrecio del Al-Islam, el Diógenes de Arabia, el Voltaire del Este, el Ciorán sirio, entre otras muchas comparaciones. Abul ‘Ala Al-Ma’arri fue, podríamos decir, todos ellos juntos y ninguno. Nació hace poco más de 1000 años en Ma’arrat (973-1058), muy cerca de la actual Alepo en Siria actual. Al-Ma’arri quedó ciego a muy temprana edad afectado por la viruela y se refería a sí mismo como rahin al-mahbasayn, el “rehén de las dos cárceles” (su ceguera y el encierro voluntario en su casa, de la cual no salió en 50 años), y aún añade una tercera cárcel en varios de sus versos, la prisión del instinto o deseo sexual, el cual no satisfizo nunca ya que consideraba un crimen traer a otros seres a esta existencia insoportable. Su preocupación no era la muerte, le inquietaba la vida.

Aprendió de su padre los conocimientos iniciales, y ya de adolescente partió hacia Alepo (Hálab) visitando allí las bibliotecas, y formándose con los sabios de esa ciudad. Luego viajó a Antioquía, Latakia y Trípoli en procuración de conocimiento. También fue a Bagdad y participó en las asambleas de los sabios y de los literatos.

Cuando recibió la noticia de la enfermedad de su madre volvió a su pueblo natal, pero llegó cuando su madre había fallecido. Debido a ello se encerró en un aislamiento que duraría hasta su muerte, periodo durante el cual escribió su obra. Allí era visitado por sabios, literatos, y buscadores de conocimiento. Falleció en el 1058/449.

Su personalidad – Abu Al-‘Alá’ era de espíritu amplio, ávido de conocimientos, una enciclopedia de su tiempo, y no hacía discriminación de ningún tipo en conocer todas las doctrinas, religiones y tendencias, su memoria es legendaria. Su obra – Dejó setenta títulos escritos, entre los más célebres: Chispa del pedernal; Lo que ha menester; Detalles y finalidades; Epístola del perdón. Fue un poeta fino y exquisito, un lingüista profundo y analítico, erudito en materias de religión, como las tradiciones del Profeta y la jurisprudencia, conocedor como pocos de la historia, y estudioso de todas las religiones sin excepción, pero especialmente conocedor de los sectores y tendencias dentro del Islam.

Su doctrina – El intelecto es para Al-Ma’árri el conductor y gobernante real del hombre, que debe imperar sobre todas las cosas. Sostuvo la teoría antigua de los cuatro elementos, debatió sobre la eternidad del mundo rechazándola finalmente; reconoció la influencia del cosmos sobre la tierra, pero rechazó la astrología. Fue pesimista acerca de la sociedad civil, y consideró que el cuerpo es la cárcel del alma, y que al hombre le es impuesto su destino en mucha mayor medida de lo que puede elegir por sí mismo. En cuanto a la metafísica fue racionalista y cayó en algunas contradicciones, pero era un musulmán observante de sus oraciones y conocedor de su doctrina, rechazando los desvíos que en ella habían introducido los ignorantes.

LA EPÍSTOLA DEL PERDÓN (Risálatu -l-Gufrán) – Es una obra escrita por Al-Ma’árri para Ali Ibn Mansúr Al-Hálabi, apodado Ibn Al-Qárih, en forma de respuesta a una carta donde este último le expone cuestiones de literatura, filosofía, sufismo, historia, religión, jurisprudencia, gramática y lingüística. Debido a fama tanto del autor como de la obra, y por haber sido tomada esta última como modelo de creación literaria en lengua árabe, es posible que llegara al conocimiento del autor de la Divina Comedia, Dante Alighieri, que utilizó el mismo argumento literario de un viaje por las dimensiones del Paraíso y del Infierno.

La obra de Al-Ma’árri imagina a Ibn Al-Qárih dando un paseo por el más allá, habiéndose montado en un camello majestuoso de los que hay en el Paraíso, cuyo cuerpo estaba constituido de esmeraldas y perlas. Marchó por el Paraíso sin rumbo alguno, observando las delicias que allí había, contempló el Día del Juicio y a la humanidad reunida de pie allí, viendo las calamidades de los castigados, y el perdón y la intercesión a favor de los bienaventurados. Luego de seis meses se ve obligado a abandonar el Paraíso debido a que lo afecta el calor y la sed, pero estaba seguro de retornar allí porque había conseguido el título de perdonado. Cuando debe abandonar la delicia piensa en sobornar a los guardianes del Paraíso, así como sobornaba en el mundo a la gente con su poesía, pero no tuvo éxito. Finalmente se beneficia de la intercesión y logra su anhelo, volviendo a las delicias del Paraíso.

De allí se dirige a visitar el Ardentísimo (la Gehena) para observar cómo se encuentran los que allí estaban, y monta algunos animales del Paraíso, pasando por el lugar de la recompensa a los genios que creyeron en Muhammad (BP). Luego llega al Ardentísimo y observa a Iblís (el diablo) desasosegado por las cadenas y los grillos. Durante este periplo pasa junto a un gran número de poetas y literatos, viendo en el Paraíso a cierto número de estas personas que él creía que debían estar en el infierno. Ve en el fuego a cierto número de personas que él esperaba verlos en al Paraíso. Pregunta a los afortunados por la causa del perdón que recibieron, y a los desventurados por la causa de habérseles velado el perdón, y todos ellos le responden detallando sus situaciones. Por eso el libro se llama Epístola del Perdón.

La segunda parte de la obra contesta puntualmente a cada una de las preguntas de Ibn Al-Qárih, y sugiere otro número nuevo de preguntas que su inquisidor no había planteado, pero que no se le escapan a Abu ‘Ala Al-Ma’árri. Diserta sobre el tiempo, el espacio, la reencarnación, sobre doctrina, y otras cuestiones teológicas y filosóficas que se planteaban en su época. La obra constituye una pequeña enciclopedia de historia, lingüística, gramática, religiones etc., pero desde un punto de vista crítico, especialmente en literatura, en la que critica a los poetas y escritores de la lengua árabe.

La Influencia de Abu ‘Ala Al-Ma’árri es muy poderosa en la lengua árabe, y existen dos sectores de juicios a su respecto, uno que lo rechaza porque considera a sus opiniones heréticas; y otro que lo exalta como modelo de autor, erudito y sabio. El hecho es que este Abu ‘Ala Al-Ma’árri era un crítico de los desvíos que se producían tanto en prosa como en verso, y más allá de esto un crítico del estado de la sociedad y de la hipocresía religiosa.

 La Voz del Árabe (LVÁ) – Cultura – México, junio 6 del 2017

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