//LUIS GARCÍA Y ERDMANN HABLA PARA LVÁ

LUIS GARCÍA Y ERDMANN HABLA PARA LVÁ

Los colaboradores de LVÁ: “Mi primera adscripción fue en la Embajada de México en Egipto, como vicecónsul, rango con el que entonces se iniciaba la carrera diplomática…”

 Por: Luis Miguel Cobo

Los medios informativos cuentan con dos grandes detalles, quizá los más importantes, el nombre del medio por el que lo identificarán, y sus colaboradores, en cada una de las secciones que la forman que al final son quienes hacen del medio informativo que sea importante y trascendente, o simplemente un medio más.

La Voz del Árabe, el medio informativo del Mundo Árabe, tiene la gran suerte de contar con colaboradores que han tomado al medio como suyo, lo han tomado muy en serio y cada uno lo demuestra con sus valiosos escritos, artículos de fondo, editoriales, historias, cultura, economía, especiales, turismo, que en cada una de nuestras secciones se han leído por muchos lectores con los que contamos, por eso LVÁ agradecerá a cada uno de ellos por sus excelentes colaboraciones.

En esta ocasión entrevistamos al Lic. Luis García y Erdmann (LG), diplomático mexicano retirado del Servicio Exterior Mexicano y Director de Asuntos Internacionales en la revista LVÁ. Platicó parte de sus experiencias profesionales con el propósito de ser conocido por los lectores, de igual forma conocer a la gente profesional que colabora para con La Voz del Árabe (LVÁ).

LVÁ – ¿Don Luis, cuándo comenzó su trabajo diplomático? ¿Fue vocación diplomática?

LG – Ingresé al Servicio Exterior Mexicano mediante concurso que organiza la Secretaría de Relaciones Exteriores, en aquel entonces duraba mes y medio, era oral y abierto al público. Desde los catorce años mi meta estuvo encaminada a la diplomacia, lo que se fortaleció cuando tuve oportunidad de platicar con políticos tamaulipecos que estuvieron en la diplomacia como el Lic. Emilio Portes Gil y doña Amalia de Castillo Ledón, primera embajadora mexicana y la senadora Lic. María Lavalle Urbina, así como con embajadores extranjeros como con los matrimonios Audain y Abouzeid quienes fueron embajadores de Haití y Egipto, y con decanos del cuerpo diplomático acreditado en México, cuyas platicas fueron muy aleccionadoras en mi  deseo de incorporarme a la diplomacia. En mi familia hubo un ancestro Dietrich Erdmann que fue cónsul del Gran Ducado de Oldenburgo en Cuba, como colonia española.

LVÁ – Don Luis, platiquemos de su actividad diplomática en México y en Egipto.

LG – Mi primera adscripción fue en la Embajada de México en Egipto, como vicecónsul, rango con el que entonces se iniciaba la carrera diplomática, en 1973 año clave para Egipto, ante la incertidumbre “de no guerra no paz”, que se prolongó por muchos años,  se dio la guerra del Ramadán el 6 de octubre de dicho año, con lo cual el ejercito egipcio al cruzar el Canal de Suez, recobró la confianza en sí mismo y desmintió la leyenda de la infranqueable Línea Barlev. En lo personal, para mi esposa y para mí, fue una experiencia de vida, y en lo laboral contribuí a mantener informada a la Secretaría de Relaciones Exteriores de lo que estaba sucediendo, además de ejercer la labor de protección a los turistas mexicanos. El egipcio es muy hospitalario y sensible, en muchos aspectos se parece al mexicano. Egipto tiene una milenaria civilización la cual se enriqueció con la cultura árabe, por lo que tuvimos una experiencia única para adentrarnos en su historia. Por otra parte, Egipto por su ubicación geográfica es un punto neurálgico de observación, tanto del Medio Oriente como de África.

LVÁ – ¿Cuál fue su primera misión diplomática?

LG – Estuve comisionado en las embajadas de México en Dar es Salaam, Tanzania, siendo el primer funcionario acreditado, en donde hubo una gran actividad por ser la época de nuestra política tercermundista, Tanzania estaba en la línea del frente en la lucha contra el colonialismo y el apartheid y su presidente Julius Nyerere, uno de los políticos más relevantes de la escena africana y mundial. En la República Popular China estuve en dos ocasiones con quince años de diferencia con lo que experimentamos desde los estertores de la Revolución Cultural en 1976 hasta a la China de las Cuatro Modernizaciones que han llevado al país asiático al lugar preponderante que desempeña en el mundo actual. También estuve comisionado en Venezuela, Bulgaria y República Dominicana, es decir en cuatro continentes, lo que me dio grandes experiencias en la diplomacia.    

LVÁ – De su libro “Compendio Diplomático”, ¿por qué lo escribió?

LG – El Compendio Diplomático lo escribí para contribuir con un grano de arena en la formación de los nuevos diplomáticos y como libro de consulta para aquellos interesados en las relaciones internacionales. Creo que llené un vacío con dicho libro, de 800 páginas, que es el tipo de libro que busqué infructuosamente durante mis 35 años en el servicio exterior, con utilidad para la vida diplomática, el trabajo en cancillería y la vida cotidiana. En él me refiero a los grandes de la diplomacia mundial desde el siglo XVI, los inicios de las embajadas, el glosario de la diplomacia y los diplomáticos, el glosario de las relaciones internacionales, el ceremonial, el protocolo, usos y costumbres, los organismos internacionales, los Estados y sus capitales, los grandes de la diplomacia mexicana y otros aspectos complementarios. Lo he presentado en 22 universidades y centros culturales de la Ciudad de México, y en varios Estados de la República.

LVÁ – ¿Cuál es su percepción del protocolo internacional actual y de los últimos sexenios?

LG – El protocolo es un medio que facilita las reuniones y la convivencia en el ámbito internacional, en algunos aspectos se ha modernizado acorde a la época, pero otros permanecen inalterables, en nuestra Cancillería, que  tuvo un excelente protocolo, se ha visto muy disminuido y sustituido por la improvisación, lo cual ha sido comentado tanto por los diplomáticos de casa como de los acreditados en México, con errores impensables en un protocolo que antaño era motivo de orgullo y funcionaba como reloj.

La aparente poca atención que da en la enseñanza del protocolo a los nuevos diplomáticos hace quedar mal a México, además de quien comete el error, pues no hay que olvidar que la primera imagen de un país es a través de sus representantes. Afortunadamente el Instituto Matías Romero ha tomado cartas en el asunto y da cursos de protocolo al personal asimilado, yo he dado algunos cursos, así como en el Fes Acatlán y como lo mencioné, el Compendio Diplomático tiene un capítulo extenso sobre la materia.   

LVÁ – ¿Por qué escribe para La Voz del Árabe? ¿Qué es para usted la revista LVÁ?

LG – El Mundo Árabe es apasionante desde muy joven me interesó de Marruecos a Iraq y la Voz del Árabe, a la que gentilmente me invitó Luis Miguel Cobo, me da la oportunidad de escribir sobre sus líderes de antaño y sus grandes cantantes y músicos. La Voz del Árabe existe gracias al entusiasmo y trabajo inagotable de su fundador el señor Cobo y es un medio único en México para dar a conocer esa región del mundo, que para muchos todavía es desconocido o se tiene información tendenciosa que solo menciona lo negativo desde una perspectiva occidental, sin analizar a fondo sus costumbres y tradiciones. Es un medio informativo con secciones interesantes que ya traspasa fronteras.

LVÁ – ¿Qué les quiere decir a los lectores de La Voz del Árabe?  

LG – Que sigan apoyando con su lectura y comentarios a este medio que nos proporciona varias secciones interesantes, que traspasa fronteras y llega a muchos países. 

LVÁ – ¿Desea aumentar algo?

LG – La Voz del Árabe me lleva a recordar a la radiodifusora egipcia “La Voz de los Árabes” que estableció el presidente Gamal Abdel Nasser un año después del triunfo de la revolución de 1952, que se escuchaba en todo el mundo árabe y que promovía el panarabismo y las canciones nacionalistas de la famosa Um Khaltum y de Abdel Wahab.

Para comprar el libro COMPENDIO DIPLOMÁTICO, escribir a:  garciayerdmann@hotmail.com

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Imagen: Lm.CoBo.FoTo – LVÁ

La Voz del Árabe (LVÁ) – ESPECIALES – Cd. de México, noviembre 7 del 2018

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