/ORIENTE MEDIO – HISTORIA Y SENTIDO COMÚN

ORIENTE MEDIO – HISTORIA Y SENTIDO COMÚN

Por: Stephen Murray Kiernan

Hay un tipo de fuerza soberana basada en la capacidad militar: los vehículos que tiene, los misiles, la tecnología y el personal. Hay otra especie de poder que no es tan fácil de crear o de medir y administrar, y que tiene que ver con la inteligencia objetiva y el precedente histórico. En un escenario perfecto, los soldados y el armamento trabajan en armonía mutua con datos confiables y una clara proyección del conflicto y sus secuelas en gran medida basadas en lo que ha sucedido en el pasado. Lamentablemente, no siempre se consigue la armonía.

En la década de 1950, los jefes coloniales británicos decidieron derrocar agresivos disturbios civiles en el este de África y la península malaya, llevando a cabo esto con la brutalidad a veces despiadada y de hecho clínica, a pesar de que fueron plenamente conscientes de que eran posesiones que pronto entregarían a los pueblos nativos para gobernarlas. Dejando de lado las acusaciones de su posible comportamiento criminal en esas regiones, su proyecto alcanzó el objetivo de terminar la rebelión en general y fue ampliamente visto por otras naciones que lo han hecho.

Más o menos al mismo tiempo, otros métodos intentó Francia tanto en el norte de África como en el sudeste de Asia, con el plan de retener estas regiones como parte de Francia, en particular Argelia. La insurrección para lograr la independencia fue brutalmente enfrentada por el poder de la fuerza militar francesa, pero finalmente la gran potencia europea se vio obligada a abandonar sus posesiones debido a la discordia popular masiva y las derrotas militares insoportables.

Así que habría que hacer todo lo posible para que este error no se repitiera. El esfuerzo implicaría un músculo militar diseñado para pulverizar a la oposición. Para considerar cuidadosamente la situación real de las personas involucradas, sus necesidades  y esperanzas, junto con una evaluación de las consecuencias probables, se consideró una distracción y un debilitamiento de la resolución. El resultado fue de millones de muertos vietnamitas y el retiro más lamentable por un ejército (como retransmitido en la televisión) desde Napoleón en Rusia en 1812. Para los estadounidenses costó casi 60.000 soldados y la amargura de gran parte de su juventud. El escepticismo sarcástico se convirtió en la nueva moda.

La otra consecuencia fue el colapso del orden civil en Camboya y Laos, que condujo al único resultado que los estadounidenses esperaban evitar, el establecimiento de regímenes comunistas. Los estadounidenses habían lanzado sus helicópteros de los barcos, pero su intervención fue probablemente la más culpable por años después del asesinato y miseria para toda la región.

Avancemos ahora una generación. El experimento soviético había llegado inevitablemente a su fin, pero había dejado a una Rusia muy ambiciosa, distante y poseía el número de armas nucleares que lo hacían aún una potencia súper efectiva (aunque económicamente todavía estaba tratando de ponerse de pie). Sin embargo ssí la situación global que involucraba dos bloques de antagonistas, que justificaba tanto intervenciones terribles como gasto militar exorbitante, se había transformado.

Pero la historia se repite ahora porque la historia no ha sido recordada. Los países de Asia Sudoriental estaban íntimamente conectados y lo que sucedió en Vietnam tuvo un efecto dominó sobre sus vecinos. Los países del Oriente Medio y, de hecho, toda la región árabe también están fuertemente vinculados. Una guerra tuvo lugar a principios de los años 90 oficialmente para recuperar Kuwait de Iraq, además entregar un mensaje claro a Saddam Hussein para mantenerlo dentro de sus fronteras. La cuestión del acceso a los vastos suministros de petróleo estaba ahí como hecho. La región se mantuvo relativamente tranquila.

Pero esa fue la pequeña pelea antes de la más grande unos pocos años más tarde. Iraq era un asunto pendiente para los altos cargos del nuevo equipo de Bush hijo. Todavía se pregunta si habrían ido a la guerra contra Saddam sin algún tipo de excusa clara, pero el ataque con aviones secuestrados (principalmente por nacionales saudíes) en 2003 les dio cierto grado de apoyo lógico. Así que esta vez Iraq fue invadido, llevando a la caída de Saddam y su partido, pero también a un vacío en la gestión política fuerte y respeto étnico mutuo.

Por supuesto, el problema no se limitaba a un solo país. Los acontecimientos en Túnez, Libia y Egipto se han producido, en cierta medida, a las acciones que ocurrieron en Iraq. En resumen, esto vuelve a hablar del monstruoso acto de poner demasiado énfasis en la capacidad de la mera fuerza militar para alcanzar los objetivos y no basta con una evaluación concreta de las realidades y el seguimiento requerido una vez que el fuego ha cesado.

Y así, ahora mismo, tenemos el despreciable juego de ajedrez que es la guerra en Siria, una verdadera tormenta de intereses nacionales y prestigio. Habría sido mejor si las lecciones de los años setenta hubieran sido recordadas y el sentido común hubiera prevalecido.

*Stephen Murray Kiernan – Egresado de las Univerisdades de Dublín, Cambridge y Cape Town, fue consultor principal de asuntos universitarios en el Banc Mundial, director de la escuela de relaciones internacionales en el Universidad de Estados Unidos (Alliant) y presidente del Consejo de Posgrados en la Universidad Anáhuac del Sur. Autor de doce libros y muchos articulos, ha hecho proyectos de desarrollo internacional desde El Salvador hasta Papua en indonesia. Profesor extraordinario en la UNAM, escribe de manera regular para las revistas “Casa de Tiempo” y “AAPAUNAM”, y para “La Voz del Arabe” es principlamente redactor en la sección de ECONOMÍA.

THE MIDDLE EAST – HISTORY AND COMMONSENSE – There is a type of sovereign strength based on military capability: the vehicles you have, the missiles, technology and personnel. There is another species of power that is not so easy to create or to measure and administer, and that is to do with objective intelligence and historical precedent. In a perfect scenario, soldiers and weaponry work in mutual harmony with reliable data and clear projection of conflict and its aftermath to a large extent based on what has happened in the past. Unfortunately harmony is not always achieved.

This decade saw the beginnings of proxy wars, in which the United States or the Soviet Union, with their allies, would invest finance, equipment and men in occasionally very large civil conflicts in emerging nations. The list is very long indeed: Angola, Mozambique, several countries in Central America, and so on. The Super Powers were not making war on each other, in a formal and direct way. That in itself would have been too dangerous (an odd thing to say as what could be more dangerous than war?). But they suuported their sides according to their political priorities and economic favouritisms.

Cuba is an island nation very close to the state of Florida. It became a communist nation at the end of the Eisenhower presidency in the late 1950s. The proximity of this state of affairs was both a deep embarrassment and a possible danger. Its success was in effect a great marketing emblem for the rest of the developing world, particularly those countries newly released from European empires. The poor latinos of Cuba, long bullied by the US, were seen to have liberated themslves and accepted the very political creed most despised by the Americans. The pathetic invasion of the Bay of Pigs strengthened this perspective. The terribly sensitive machismo of a supremely dominant military power was hurt to the core.

So every effort would have to be made so that this error would not be repeated. The effort would involve military muscle designed to pulverise the opposition. To undertake a careful consideration of the real situation of the people involved, their needs and hopes, along with an evaluation of probable consequences, was seen to be a distraction and a weakening of resolve. The result was millions of Vietnamese dead and the most pitiful retreat by an army  (as relayed on television) since Napoleon in Russia in 1812. For the Americans, it cost almost 60,000 soldiers and the embitterment of a large part of its youth. Sarcastic scepticism became the new fashion.

The other consequence was the collapse of civil order in Combodia and Laos leading to the one result that the Americans had most hoped to avoid, the establishment of communist regimes. The Northamericans had left pushing their helicopters over the side of ships but their intervention was arguably most to blame for years of murder and misery for the entire region.

Let us now move forward by one generation. The Soviet experiment had inevitably come to an end but had left a stll very ambitious Russia standing aloof and possessing the numbers of nuclear weapons which made it still efectively a Super Power (even though economically it was still trying to get back on its feet). So the global stuation involving two blocks of antagonists, justifying both many dreadful interventions and exorbitant militar expenditure, had been transformed.

But history now repeats itself because history has not been remembered. The countries of South-East Asia are intimately connected and what happened in Vietnam had a domino effect on its neighbours. The countries of the Middle East and indeed the whole Arab region are likewise very strongly linked. A war took place in the early 1990s officially to recover Kuwait from the Iraquis and to deliver a clear message to Saddam Hussein to keep within his borders. The issue of access to vast petroleum supplies was there in fact and metaphor. The region remained relatively calm.

But that was the small fight before the much bigger one a few years later. Iraq was unfinished business for the senior people in the new Bush team. One still wonders whether they would have gone to war against Saddam without some sort of clear motivation or excuse, but the attack with hijacked planes (mainly by Saudi nationals) in 2003 gave them some degree of logical support. So this time Iraq itself was invaded, leading to the fall of Saddam and his party, but also to a dire vacuum in strong political management and mutual ethnic respect.

Of course, the problem was not confined to one single country. The events in Tunisia, Libya and Egypt have all come about due – to some extent – to the actions that occurred in Iraq. In summary, this speaks again of the monstrous act of placing too much emphasis on the abiity of mere military force to achieve objectives and not enough on a concrete appraisal of realities and the follow-up required once the firing has ceased. And so, right now, we have the despicable chess game that is the war in Syria, a true storm of nacional interests and prestige. It would have been better if the lessons of the 1970s had been recalled and a bit of commonsense had prevailed.

La Voz del Árabe (LVÁ) – ECONOMÍA – Cd. de México, mayo 24 del 2017

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