//ORIGEN DE LA CONCIENCIA ÁRABE MODERNA

ORIGEN DE LA CONCIENCIA ÁRABE MODERNA

Del origen de la conciencia árabe moderna…

 Por: Mtro. Francisco Trejo Campos*

Durante todo el siglo XIX y principios del XX, las potencias europeas dominaron el mundo gracias a su progreso técnico e industrial, apoyado por el imperialismo, aspecto que provocó un reformismo superficial por parte de la dinastía otomana, además de generar una reacción por parte de intelectuales árabes quienes buscaron explicar el poderío europeo y la forma de adaptarse a la “modernidad” sin renunciar a los valores y tradiciones musulmanas. Por un lado, los escritores árabe-cristianos, de formación intelectual predominantemente europea, fundaron periódicos en lengua árabe y promovieron la crítica y el debate público sobre los problemas del Imperio Otomano y sus propuestas de solución, aunque contaron con una audiencia exigua. En contraste, los intelectuales musulmanes recurrieron a formas más sutiles de expresión, como poemas, para promover la autonomía de las provincias árabes, preservando su identidad islámica y su lealtad al sultán. Los resultados de este renacimiento literario fueron muy limitados en el ámbito político, pero sembraron las bases de una transformación social sin precedentes en los pueblos árabes.

Las corrientes de pensamiento europeas, especialmente el liberalismo y el nacionalismo, influyeron en el renacimiento literario árabe en la segunda mitad del siglo XIX, incitando movimientos reformistas. En las tres décadas posteriores a 1870 se expandieron los periódicos escritos en árabe (bajo el control de libaneses cristianos educados en escuelas fundadas por misioneros europeos) en las provincias otomanas de Siria, Líbano y Egipto. Los periódicos Al-Jawa’ib (1860–1883) y Al-Jinan promovían reformas políticas y sociales, de manera notable el establecimiento de un sistema secular para contribuir al desarrollo de las provincias árabes. Por otra parte, el libanés Shibli Shumayyil (1850 – 1917), quien publicaba en los periódicos Al-Muqattam y Al-Hilal con sede en El Cairo, ocupada entonces por los británicos, señalaba que la sociedad otomana carecía de libertad, justicia y conocimiento científico, elementos que habían impulsado a las potencias europeas a partir de la Ilustración. El periodista libanés Farah Antun (1874–922) publicó un libro sobre la filosofía de Ibn Rashid en 1903 en el que defendía la unidad nacional y la separación de la religión de la política como elementos esenciales para una civilización. Pese a la difusión de estas ideas reformistas, su impacto en la población otomana fue marginal, dado que estas publicaciones se dirigían principalmente a los árabes cristianos, más abiertos a las corrientes ideológicas europeas.

Uno de los ámbitos donde se expresaron sentimientos nacionalistas de manera cada vez más concreta fue la poesía, aunque ello representó un gran desafío para los intelectuales musulmanes debido a su doble lealtad al islam y a su identidad como árabes. Mahmoud Sami Al-Barudi (1839–1904) fue un poeta egipcio que tuvo distintos cargos públicos notables, incluyendo el de primer ministro, y redactó poemas con simbolismos, frases y connotaciones que promovían un gobierno egipcio independiente. El movimiento del renacimiento árabe (Nahda) estuvo representado por poetas como el sirio Francis Marrash (1835–1874) y el egipcio Ahmed Shawqi (1868–1932), quienes utilizaron la poesía clásica para subrayar la importancia de la lengua, entre otros factores, para contrarrestar diferencias étnicas o religiosas e impulsar una identidad nacional. Por otro lado, Hafez Ibrahim (1871–1932) utilizó la poesía para expresar las preocupaciones cotidianas de los egipcios, incluyendo los derechos de las mujeres y la pobreza, así como para criticar al colonialismo británico. De manera paralela, el egipcio Muhammad Abdú (1849–1905) legó al Mundo Árabe la distinción entre las doctrinas esenciales del islam (la fe en Dios, las revelaciones de Muhammad, entre otras) y la ley y la moral social, argumentando que las primeras son invariables, mientras que las segundas deben adaptarse a las cambiantes circunstancias de la sociedad bajo la guía de intelectuales musulmanes. Este pensamiento influyó en los posteriores movimientos nacionalistas árabes, dado que hacía compatible la formación de un Estado moderno con la preservación de la religión como pilar de la identidad nacional.

El ascenso al poder del Comité de Unión y Progreso o “Jóvenes Turcos” en 1908 y su agenda nacionalista aceleraron el desarrollo de la conciencia árabe. Este grupo centralizó el poder del imperio otomano, restringiéndolo a los turcos e impuso la lengua turca en las escuelas, las cortes y los gobiernos de provincias árabes. En respuesta, se constituyeron distintas organizaciones árabes, tal como la Hermandad Otomana Árabe con sede en Estambul, que reafirmaron su lealtad al sultán, pero promovían los intereses culturales de los árabes y exigían la mejora de las condiciones económicas en las provincias árabes del imperio. Por otro lado, en 1912 un grupo de migrantes sirios y libaneses estableció, en El Cairo, el Partido Otomano de Descentralización Otomana que abogaba por la autonomía de las provincias árabes, derechos equitativos para los árabes y el reconocimiento del árabe como lengua oficial. Como afirma Benedict Anderson, lo más importante de la lengua es su capacidad para generar comunidades imaginadas, forjando en efecto solidaridades particulares. Debido a la represión de la élite otomana, se formaron sociedades secretas, como Al-Qahtaniya, la Sociedad Joven Árabe (Al-Fatat) y el Convenio (Al-Ahd) que convocaron al primer Congreso Árabe en 1913 cuya principal exigencia fue la reforma integral del imperio otomano. Pese a las promesas de las élites otomanas, estas demandas no se cumplieron, y la causa panárabe se diluyó en los últimos años del imperio otomano.

Los movimientos nacionalistas que tuvieron mayor resonancia en esta época fueron los de regiones que se encontraban bajo influencia o dominio europeos. Los nacionalistas libaneses, principalmente maronitas cristianos, buscaron convertir a su sanjak autónomo en una nación independiente protegida por Francia. Por otro lado, el nacionalismo egipcio en esta época buscó limitar o liquidar la ocupación británica; un caso notable fue el del periodista egipcio Abdullah Al-Nadim (1843–1896), quien promovió ideales de libertad y justicia, así como la educación de la población egipcia para discutir temas políticos, económicos y sociales y poner en marcha una transformación de la vida nacional. Con respecto a Túnez, en 1907 se formó el partido político “Jóvenes Tunecinos” que buscaba preservar el legado tunecino-musulmán, restaurar la identidad tunecina, además de la igualdad de derechos y oportunidades para los tunecinos, particularmente en el servicio oficial y la agricultura, aunque su movimiento fue reprimido y disuelto años después por las autoridades francesas.

La Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) provocó el colapso del Imperio Otomano y consolidó el dominio británico y francés de Medio Oriente, sepultando las aspiraciones de los pueblos árabes durante las décadas posteriores. Cuando el sultán Abdul Hamid II decidió aliarse a la Alemania de Guillermo II, selló el destino de las regiones árabes, las cuales tuvieron que mantener su lealtad hacia Estambul y se convirtieron en botín de las ambiciones imperialistas franco-británicas. Además, la represión otomana a los movimientos disidentes o separatistas durante la Gran Guerra provocó su debilitamiento, dejando el terreno libre para Francia y Gran Bretaña, lo cual se reflejó en el Acuerdo Sykes–Picot que dividió a la región de Medio Oriente en zonas de influencia de ambos países.

En conclusión, la conciencia árabe se originó y desarrolló en respuesta al colonialismo europeo del siglo XIX y a la percepción de que las instituciones del Imperio Otomano no propiciaban el progreso científico y el bienestar social. En el ocaso de este imperio islámico multiétnico, los intelectuales árabes propusieron formas de adaptarse a la modernidad impuesta desde afuera, impulsando el renacimiento literario árabe, pero su posición marginal en la estructura política otomana obstaculizó estos esfuerzos. Pese a que después de la Gran Guerra, los pueblos árabes pasaron del dominio otomano al franco-británico, el debate intelectual de esta época permitió que los árabes reafirmasen su identidad y que imaginasen su lugar en un sistema mundial de Estados-nación.   

*Mtro. Francisco Trejo Campos: maestro en Asuntos Internacionales por el Graduate Institute of International and Development Studies de Ginebra. Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México (COLMEX). Ha laborado en la Dirección General de Relaciones Internacionales del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En la Secretaría de Relaciones Exteriores. En la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. En en la Unión Parlamentaria en Ginebra. Habla fluidamente ocho idiomas, incluyendo el árabe estándar y su variante egipcia.

Imagen: LVÁ-Pixabay

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. De México, febrero 11 del 2019

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