//POLÍTICA EXTERIOR DE LIBIA

POLÍTICA EXTERIOR DE LIBIA

El desplome del régimen de Gadafi  creó un vacío en el Norte de África cuyas consecuencias se han trasladado hasta la actualidad: Emilio Duch Ramos

 Por: Griselda A. Macareno / Marco Árcega Corona

Desde su conformación, Libia se ha presentado como un país fragmentado debido a que ningún gobernante ha podido unificar a la población. Tras el inicio de la guerra civil en 2011, las milicias se diversificaron en la región y el control por parte del gobierno fue cada vez menor. Libia por muchos años, ha sido un foco importante para sus vecinos y las potencias mundiales, debido a sus enormes recursos petrolíferos  y  recursos de gas natural sin explotar. Asimismo, por la reciente inestabilidad económica y política que vive. Sin embargo, la proyección que ha tenido Libia a nivel regional como internacional ha sido de un carácter especial y casi único durante los años en los que Muamar Gadafi gobernó el país. Sin embargo, tras su caída hace poco más de cinco años, el nuevo gobierno libio no parece adaptar ni establecer una política exterior definida con una agenda determinada bajo la cual trabajar, o cuando menos eso parece. Es por eso que el presente trabajo tiene como hipótesis que bajo el régimen de Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi, Libia tuvo una política exterior activa, definida y belicosa hacia África y hacia el resto del  mundo. No obstante, a partir del año 2011, se ha precisado de un cambio de paradigma mucho más conciliatorio y abierto con miras a poder crecer haciendo uso efectivo de sus recursos de hidrocarburos.

En el inicio de su conformación, Libia formó parte del Imperio Otomano, tres eran los territorios en los que se dividía, Tripolitania en el oeste, Fezzan al sur y Cirenaica al este. Cabe destacar que el último territorio era autónomo, liderada por la cofradía Sanusi. No obstante, en 1911, se convirtió en una colonia italiana mediante el Tratado de Lausana. Con el fin de la Primera Guerra Mundial, Italia decide establecer dos provincias, Tripolitania y Cirenaica, a quienes les concede su autonomía. Sin embargo, la cofradía Sanusí no tuvo las mismas concesiones. En 1947 la Organización de las Naciones Unidas se encarga de administrar este territorio con el fin de otorgarle su independencia a todas las regiones y garantizar un proceso de transición estable al país (Delgado, 2008, p.3). Durante la Segunda Guerra Mundial, Trípoli es ocupado por Gran Bretaña y se termina el control del gobierno en curso. Más tarde en 1951, se volvió una nación independiente, el nieto de Ali al-Sanusi, el rey Idris I consolidó su base política y constituyó la monarquía federal de Libia con el apoyo de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Vandewalle, 2006, s.p). Su gran logro fue unificar las tres provincias más importantes. No obstante, no se pudo consolidar un sentimiento de unidad dadas las diferencias entre etnias y regiones.

De acuerdo con Bahgat “el petróleo en Libia se encontró a finales de la década de los cincuenta” (2015, p. 61), las grandes reservas de este recurso ayudaron al crecimiento económico. No obstante, los altos niveles de corrupción y un sentimiento árabe –nacionalista dio paso al coup d’etat por parte de oficiales militares liderados por Muamar Gadafi, quien llegó al poder y gobernó con el mismo estilo autocrático que su antecesor. Asimismo, este peculiar personaje, tenía como objetivo crear una alternativa tanto al capitalismo como al comunismo, nombrándolo Yamahiriya, “Estado de masas”. Esta nueva alternativa, estipulaba que el poder lo tenían los comités populares en un sistema de democracia directa, sin partidos políticos ni instituciones. Sin embargo, en la práctica, el poder que mantenía Gadafi era absoluto.

Durante el periodo de este coronel, Libia empezó a presentar por primera vez, una política exterior, debido a que Muamar comenzó a tomar decisiones en función de intereses nacionales, consolidar relaciones estratégicas con actores importantes para llevar a cabo sus proyectos, el impacto que tuvo Libia en el entorno internacional, la influencia de sus ideales como figura , el lamentable “apoyo que brindó hacia las organizaciones terroristas y en la producción y adquisición de armas de destrucción masiva” (Bahgat, 2014, p.60). Asimismo, Delgado define a la política exterior  de Gadafi como: -una figura regional con objetivos muy bien marcados que son: la unidad Árabe, la eliminación del Estado de Israel y apoyo a Palestina, la eliminación de la influencia externa en Medio Oriente y África, es decir, se centra en tres pilares básicos: 1) Pan-Arabismo 2) Pan- africanismo 3) Anti occidentalismo (2008, p. 3)

 1.- El Pan- Arabismo: Las principales manifestaciones del pan- arabismo libio se consolidaron entre 1972 y 1977, en la cual Libia se hizo “parte de la Federación de Repúblicas Árabes con Siria y Egipto” (Delgado, 2008, p.5). Asimismo, en 1974, Libia se unió a Túnez para formar la República Árabe Islámica, ambos proceso muestran el principal objetivo de Muamar, que era la creación de un gran Estado que agrupara todas las naciones árabes. Por otra parte, Gaddafi apoyaba la independencia de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). En 1977 en un discurso, propuso en Argelia la celebración de una cumbre árabe para discutir el problema que existía en Sahara Occidental y el reconocimiento del RASD como Estado. Asimismo, Libia se convierte en el principal financiador y abastecedor de armamento de la Organización para la Liberación de Palestina, debido a su política de “eliminación de Israel”. Se sabe, el Partido de los Trabajadores de Kurdistán y las Fuerzas de Defensa Populares fueron subsidiados por Gadafi contra la invasión turca en países árabes como Siria, Irak e Irán. Así en 1990, Libia tenía buena relación con el mundo árabe y era claro que “Muamar pretendía ocupar el puesto de Nasser” (Delgado, 2008, p. 8)

2.- Pan- Africanismo – Durante 1970 y 1980 Libia comienza a tener interés en África, por lo cual, participó en procesos económicos y militares del continente. Tal es el caso de los “soldados libios en 1979 cuando logran detener durante un tiempo la invasión del ejército tanzano a Uganda” (Delgado, 2008, p. 9). No obstante, este tipo de situaciones fueron razón suficiente para que Gadafi aprovechara y extendiera la “marea verde del Islam”. Para 1990 era claro que Libia tenía presencia en África, “Gadafi apoyó a Muhammad Farah Aydid en Somalia, Charles Taylor en Liberia y a Blaise Compaoré en Burkina Faso” (Mujíca, 2008.p, 57). Entre las acciones más destacadas que realizó Gaddafi fue : Cuando pagó gran parte de la deuda externa de Burkina Faso, apoyó y financió movimientos nacionalistas en Sierra Leona y Liberia, auxilió a Zimbabue durante la crisis de 1991, ayudó al Congreso Nacional Africano (CNA) y a su dirigente Nelson Mandela en la lucha contra el régimen del Apartheid. (Delgado, 2008, p. 8)

3.- Anti occidentalismoEn la época de Gadafi radicalizado, Occidente lo expone como un exportador del terrorismo internacional de la época y responsable del atentado al avión estadounidense “Pan-american” el 12 de diciembre de 1988 y el avión francés “Uta”. Este personaje, llama al derrocamiento de todo los gobiernos del mundo que no tienen relación con su “Tercera Vía Universal”. Por lo tanto, organiza múltiples atentados en el extranjero y la región árabe. Otra parte, que fue pieza fundamental en la política exterior de Libia, fue durante el  fin del 2010, cuando se identifican un conjunto de manifestaciones y protestas populares de índole político en el Medio Oriente. Entre las caídas de dictaduras más destacadas fueron: Ben Ali (Túnez), Hosni Mubarak (Egipto) y la Guerra Civil en Libia. De acuerdo con Revilla “fueron un conjunto de violentas transformaciones políticas y sociales que comenzaron a gestarse en Túnez y Egipto para luego expandirse al resto de los países que conforman las regiones del Magreb y Máshreq”. (2015, p. 13)

Dentro de los factores que desataron estos eventos políticos son “el alto nivel de corrupción, ineficiencia y afán represivo de los regímenes de la zona, así como la permanente insatisfacción de las necesidades básicas de un amplio porcentaje de la población”(Revilla, 2015, p.13). Asimismo, Acosta refiere que los factores y características de la región del Medio Oriente que condicionaron los movimientos de la primavera Árabe fueron: 1) una transición histórica de implantación de desarrollo del capitalismo e individualización social 2) los movimientos nacionalistas árabes, tanto del Nasserismo como el Baasismo, que propugnaba el nacionalismo 3) el sostenimiento de sistemas políticos de corte autoritario y tradicional 4) importancia geoestratégica, la cual presenta inmensos recursos de hidrocarburos que lo ubican como una región con una posición privilegiada (2015, p.14)

En el caso de Libia, febrero de 2011, marca el inicio de una ola de protestas por parte de los ciudadanos de Libia en contra del régimen de Gadafi. De acuerdo con Marín, (2012), “el primer antecedente de estos movimientos se suscita por parte de Jamal al- Hajji, escritor y comentarista en Trípoli, quien llama a los habitantes a manifestarse como lo estaban haciendo en la región de Túnez y Egipto” (p.88). Así los levantamientos en las ciudades de Libia empiezan a extenderse. Sin embargo, el gobierno tiránico de Gadafi, empieza a reprimir de manera violenta estos desplazamientos, como lo fue el bombardeo a manifestantes opositores en Trípoli. Whitehouse, McQuinn, Buhrmester y Swann, (2014) argumentan que “este tipo de acciones, fueron razón suficiente para que gran parte del ejército se sublevara uniéndose a movimientos en contra del régimen” (p.133). En contraste, por parte del líder, tanto el número de personas en sus ejércitos como las tácticas de ataque iban en aumento, tal es el caso de los mercenarios de Chad y los ataques aéreos.

De igual manera, Franco refiere que: “Las incontables divisiones tribales que se encuentran en Libia también jugaron un papel importante en este conflicto, algunas se aliaron con los opositores de Gadafi, como lo fueron los Al- Zawiya (la mayor tribu en Cirenaica) quien amenazó con detener el flujo de petróleo si Gadafi no dejaba de reprimir a los manifestantes. En cambio, algunos grupos estaban a favor del líder, como los Waffalla, el grupo tribal más numeroso de Libia, ubicados al noroeste de la región y quienes contribuían a la resistencia contra el CNT y OTAN. En este sentido también encontramos los Qadhadhfa, grupo situado al norte de Sirte y al cual perteneció Gadafi. Sin duda alguna, los Tuareg fueron los que constituyeron la mayoría de la milicia de Gaddafi también los mercenarios de Chad, quienes fueron estratégicos para la toma de ciudades, una resistencia mayor y el firme propósito de una expansión territorial” (2014, p.19)

Otro actor importante dentro de este conflicto fue la OTAN, quien comienza a bombardear armamento estratégico para Gadafi, como los radares, tanques y vehículos para desplegarse. Con respecto a la figura de Gadafi, Veintimilla comenta: Gadafi era un idealista y revolucionario libio que buscaba, bajo el influjo del pensamiento de Nasser, lo mejor para el bienestar económico y social de las empobrecidas clases populares. De igual manera, realizó la nacionalización del petróleo, operó una profunda reforma agraria, construyó un sistema de educación, salud y redes médico- sanitarias, carreteras e infraestructura, construyó ciudades nuevas con miles de viviendas para el pueblo. Luz y telefonía eran gratuitas, el combustible tenía un precio muy bajo al igual que el acceso al agua. Automóviles como BMW, Mercedes Benz, Volvo, Fiat y Peugeot eran importados en masas, el transporte público era eficiente y con altas comodidades, también nacionalizó el crédito a través del banco central. (2015, p.39).

Sin embargo, tras una política errónea cargada de objetivos personales, ideas radicales y de derroche de dinero y poder, Gadafi generó un malestar en los ciudadanos. Por lo que fue necesario el surgimiento de un Consejo Nacional de Transición gobierno paralelo fuera del dominio del dictador. Los fundadores de este consejo fueron los rebeldes, los soldados y ex políticos de Muamar. Tras el derrocamiento de Gadafi, se encargó de dirigir al país. Este consejo fusiona dos órganos provisionales, el Consejo Nacional Libio y el Gobierno Provisional de Unidad Nacional integrada por civiles y militares, a cargo del antiguo ex ministro de justicia Mustafá Abdul Jalil”. (Franco, 2014, 143).

Oficialmente, la revolución libia, terminó el 23 de octubre de 2011, tras la muerte de Gadafi. No obstante, dos años después de la caída del dictador, la violencia de las milicias siguen representando un fuerte problema de seguridad en el país y la región, como en la parte sur, donde las tensiones entre grupos árabes, Tubu y Tuareg se han vuelto cada vez más violentas, debido a la propagación de armas en todo el país. Sin embargo, tras la baja de los precios del petróleo, las sanciones y embargos sobre el país comenzaron a generar que la economía libia entrara en recesión, por lo que, se marca el inicio de una nueva política exterior de Libia, “con un importante interés en mejorar sus relaciones con Occidente” (Bruce, 2002, p.3). Todo con el objetivo de lograr atraer inversión extranjera que fortaleciera el proceso de reactivación económica dentro del país. No obstante, actualmente, Libia es considerada un Estado desintegrado, inmerso en una crisis política, económica y social. “Los dos gobiernos rivales de la región son: el gobierno reconocido internacionalmente en la ciudad de Tobruk (ya que fue elegido democráticamente) y el Nuevo Congreso General Nacional, apoyado por Qatar y Turquía con sede en la ciudad de Trípoli”. (Marín, 2012, 76). Asimismo, “la falta de control por parte del gobierno Central Libio ha propiciado el auge de grupos salfistas y un clima de inestabilidad, ya que en toda la región se encuentran dispersos grupos de milicias” (Hook et al., 2016, 324). De acuerdo con los antecedentes, “las milicias se remontan al inicio de los años ochenta. Cuando un grupo de libios declararon el Yihad en contra el régimen de Muamar Gadafi” (Whitehouse et al., 2014, 717). La nueva ola de violencia se considera como la segunda guerra civil del país, a partir del 2014 a la actualidad. Los múltiples problemas que ha tenido el gobierno en Libia para controlar su territorio han generado “un nuevo impulso al yihadismo inspirado en Al Qaeda, tomando forma como un problema de seguridad para la región”. (Marín, 2012, p. 80).

Como hemos visto, tras el desplome del régimen de Gadafi, se creó un vacío en el Norte de África cuyas consecuencias se han trasladado hasta la actualidad. Los estados y regiones vecinas han sufrido de una manera u otra las consecuencias de la marejada libia. La traslación de esa inestabilidad al Sahel, como en el caso de la revuelta tuareg en Mali y el posterior intento de dominio del territorio por los yihadistas en 2012, consecuencia del descontrolado flujo de armas y combatientes desde Libia, es buena prueba de ello. Pero, es en sus vecinos como Argelia, Túnez y Egipto, donde la situación libia ha generado un efecto demoledor en la inseguridad que ha terminado por propagarse sin control más allá de sus fronteras.

  1. Túnez- Libia – Tras la caída de los regímenes de Ben Ali y Mubarak, y la guerra civil en Libia, se generó el miedo a un efecto dominó a nivel regional. Sucesos como los del 2011, suscitaron que las relaciones entre Túnez y su entorno regional cambiara. “Diversos políticos tunecinos veían a Libia como una fuente de extremismo militar. No obstante, los libios negaban a aceptar su responsabilidad por los problemas de seguridad en Túnez”. (Kausch, 2015, p. 1) En este sentido, Kausch argumenta: Las fronteras permeables, el control de las milicias, las divisiones tribales, el contrabando y la economía de guerra, el bazar de armas post- Gadafi y que Libia se haya convertido en el núcleo central de Daesh en el Norte de África plantean muchas cuestiones para la seguridad de Túnez. (2015, p. 1)

La expansión del radicalismo a lo largo del Norte de África ha sido consecuencia del conflicto en Libia, tal es el caso de Daesh, quienes en 2015 se instalaron en Túnez. De acuerdo con Kausch, “Libia es un punto clave en el tránsito del Norte de África para los combatientes extranjeros que viajaban hacia Siria” (2015, p.3). En este sentido, “el extremismo transnacional es bidireccional: ciudadanos tunecinos han estado involucrados en recientes ataque terroristas en Libia y los combatientes tunecinos están jugando un papel clave en la expansión del Daesh en la región Libia.” (Kausch, 2015, p. 4) El problema principal entre ambos estados, tiene que ver con sus fronteras, ya que las redes de contrabando han encontrado el espacio idóneo para el ascenso de militares radicales en el Norte de África. Por ejemplo, el grupo AQMI, el cual opera en las zonas desérticas de la región, debido a que se pueden beneficiar de las conexiones comerciales y distintas redes de tráfico, todo con el objetivo de explotar la débil gobernanza local. Por lo tanto, la conexión que existe entre las milicias y traficantes implica una mayor probabilidad de conflicto y violencia.

Por parte de las autoridades tunecinas, se han presentado dificultades para responder a esto desafíos, ya que “sus fuerzas de seguridad no cuentan con el equipamiento necesario y la profesionalidad para controlar sus fronteras.” (Kausch, 2015, p. 5). Con respecto al caso de Libia, Kausch comenta: el desafío al cual se enfrenta es por la falta de instituciones competentes y la alta dependencia a  actividades económicas ilegales. El déficit en la frontera es un vacío de seguridad cada vez mayor y que ha sido bien aprovechado por yihadistas y cárteles de contrabando. (2015, p.5). Aunado a esto, ambas economías son complementarias, “Túnez importa petróleo y gas, Libia es su principal socio” (Kausch, 2015, p. 5). Por lo tanto, los factores que ponen en riesgo la estabilidad del país son: la inestable situación de Libia, vecino oriental de Túnez, con un enconado conflicto civil que produce preocupantes repercusiones en la seguridad de este país magrebí. Las tensiones producidas en el interior de Libia tienen su reflejo en la región tunecina de Jefara donde se producen fricciones étnicas relacionadas con el control del comercio informal y los tráficos ilícitos, a uno y otro lado de la frontera. Además, la reconfiguración del escenario yihadista norteafricano, en la que Libia juega un papel esencial y que toda decisión repercute directamente en su vecino.

  1. Argelia- LibiaDe acuerdo con Lesser, Argelia “por su tamaño, recursos, peso político, es un actor relevante en el norte de África y un elemento clave en el mundo árabe” (2000, p.75). Sin embargo, si hacemos un recuento histórico de Argelia, encontramos que su principal problema son las luchas entre un régimen secular respaldado por militares y los insurgentes islámicos empeñados en obtener poder”. (Lesser, 2000, p. 73). El principal miedo hacia este Estado, tiene que ver también con las confrontaciones entre las guerrillas islamistas y el Estado. “Gran parte de la violencia actual en Argelia está causada por luchas internas y la disputa por la ayuda económica” (Lesser, 2000, p.74).  Del mismo modo, otra preocupación para ésta región es la posibilidad de que siga siendo una zona de inestabilidad. En este sentido, acontecimientos como la guerra civil en Libia, los grupos terroristas formados durante los últimos años y la crisis de Mali son factores que impactan en movimientos islámicos y organizaciones terroristas con el firme objetivo de expansión y expropiación de los recursos. Todas estas contingencias de extremismo religioso, no es nuevo, ya que “se remonta a la guerra civil de Argelia durante los años noventa” (El país, 2015). Conforme han pasado los años, la situación se ha vuelto más complicada de controlar, por lo que el gobierno argelino ha perdido su capacidad para mantener un Estado de orden y donde su única alternativa ha sido apoyar el alto al fuego y respalda a la comunidad internacional en búsqueda de soluciones.

III. Egipto- LibiaEn 1972, se iniciaron conversaciones entre Anuar Sadat (presidente de Egipto) y Muamar Gadafi en la ciudad de Tobruk. Ambos personajes acordaron la completa unión de sus pueblos, por lo que se crea una Comisión política conjunta para diseñar el plan de unificación de Egipto y Libia. La principal razón por la que “Libia necesitaba una unión con Egipto era para  compensar su riqueza del petróleo y el gas, es decir, una “alianza estratégica regional económica” (Aznnar, 2005, p. 77). Por su parte, Egipto “necesitaba del potencial económico libio para poder mantener y sufragar la guerra contra Israel (Aznar, 2005, p. 24)

Otra perspectiva de este acuerdo, tiene que ver con razones de carácter político, ya que Gadafi buscaba robustecer su régimen. La unión de ambos países pretendía ser un Estado más completo en cuanto a población y riqueza. Aunado a esto, sus dirigentes ejercerían una gran influencia en el resto de los países árabes. El mayor problema para consolidar este proyecto fue el choque de personalidades entre ambos mandatarios. Asimismo, el apoyo que tuvo Egipto con otros países que no compartían la ideología de Gadafi.

Política exterior actual de libia; marcada por recursos energéticos – Para poder comprender y explicar la realidad de la política exterior libia, bien valdría la pena tomar en consideración datos económicos que esclarecerán lo que enseguida se argumentará.

La circunstancia que la gráfica anterior nos demuestra es que al menos desde el año de 1968 y llegando incluso hasta el primer decenio del siglo XXI, una característica fundamental ha sido su condición de mono-productor, más específicamente de petróleo, toda vez que el 96 por ciento de sus exportaciones totales provienen de la explotación y comercio con el “oro negro”. Incluso, un reporte del Banco Mundial realizado a partir de datos del 2011 y del 2012 declaró que en Libia el sector de los hidrocarburos domina enteramente la economía del país, pues aquél constituye cuatro quintas partes del Producto Interno Bruto, al tiempo que representa el 98 por ciento de los ingresos totales provenientes de las exportaciones y el 95 por ciento del total de los ingresos fiscales. (Bahgat, 2014) Por otra parte, se calcula que el país todavía cuenta con 48,000 millones de reservas de barriles petroleras, significando alrededor del 2,9 por ciento del total existente global, y siendo también el mayor volumen de barriles ubicado en el continente africano. A su vez, las estadísticas proporcionadas por el Anuario Estadístico de la Energía Mundial de British Petroleum indican que Libia posee alrededor de 1,5 billones de metros cúbicos de gas, convirtiéndolo en el cuarto mayor volumen de gas existente en África, acreedor del 0,8 por ciento del total existente mundial de dicho recurso. (Bahgat, 2014)

Ser un Estado que basa casi la totalidad de sus ingresos en la producción de un sólo recurso, y en particular de una materia prima, que a la postre le permitirá en mayor o menor medida desarrollarse, es un país que se halla en una situación vulnerable y endeble ante la realidad económica y comercial mundial. Las fluctuaciones que regularmente sufre el mercado del crudo deriva en una debilidad recurrente frente a las ganancias que se requieren y que nunca sobran, pues las exigencias poblacionales no escatiman en exigir una constante estabilidad, cuando no mejora, de las condiciones de vida capaces de sostenerse únicamente o con crecimiento económico o con firmeza monetaria. Dicha flaqueza se presiente con mayor fuerza toda vez que en la mayoría de los casos la baja del precio del petróleo es una situación imprevisible sobre la cual no se tiene pleno control, tal y como ocurre en los tiempos que corren actualmente.

Así, considerando que, por sí mismo, ya se corre un riesgo al estar a la merced de arbitrariedades mercantilistas, los estados monoproductores como el caso libio deben procurar la garantía de que, cuando las circunstancias del mercado se muestren favorables, se hallen en una posición cómoda que les permita explotar la bonanza, volviendo redituable su apuesta de la monoproducción. En este sentido, tales Estados procurarán mantener destinos de venta asegurados, aliados comerciales con los cuales pueda contar para mantener un flujo económico recurrente. No obstante para hacerse de compradores estables y más aún, para tener credibilidad de una venta estable y no azarosa, se necesita que hacia dentro del propio país exista un ambiente previsible, de calma y estabilidad.

Desafortunadamente para Libia, seguridad y solidez interna es una de las cualidades de la cual carece desde que principiara la guerra civil, finalizada con la muerte de Gadafi. Hasta que el Estado libio no llegue a consolidarse tendrá dificultades para explotar sus recursos de forma eficiente y controlada, lo que a su vez le permitiría hacerse de ingresos que bien podría utilizar para reconstruir y reforzar a la Libia del post-conflicto. Enseguida, percibimos que se construye una cadena, un “círculo virtuoso” que de funcionar beneficiaria a todos, pero más a los intereses Libios. Enseguida, percibimos que en lo anterior se distingue una política exterior clara que, sin embargo, todavía no consigue ejecutarse con propiedad; a saber, la demostración del Estado libio como uno configurado, capaz de autorregirse, demostrándose a sí mismo como un fuerte y estable con la disposición e intención de retornar a un punto seguro donde pueda comerciar sus riquezas naturales con el mundo.

Dicho intento de política exterior adquiere forma y sentido cuando se aprecia el potencial benéfico que el establecimiento de un mercado de hidrocarburos seguro ofrece. Para ello, es adecuado fijarnos en la geografía del territorio libio. La ubicación del país le otorga una ventaja considerable al ser una región que sirve como puerta de acceso tanto al interior del continente africano, como al europeo. A pesar de esto, es la cercanía que tiene al denominado “viejo continente” la situación que más le interesa y beneficia, puesto que prácticamente le pone en frente a una serie de países ansiosos por importar el tan solicitado y necesitado crudo. Lo cierto es que aunque Europa como bloque se hubo dado a la tarea de intentar diversificar sus fuentes energéticas con la intención de reducir la dependencia al petróleo, la mayoría de los países que lo conforman no han conseguido dicha meta. Es aquí donde Libia puede y debe hacerse presente tomando la delantera, siendo que la cercanía geográfica implica que el petróleo libio sea mucho más barato y sencillo de importar. (Bahgat, 2014)

Paralelamente, otra ventaja que ejemplifica el potencial de los hidrocarburos, es que el crudo libio, debido a circunstancias del destino, es uno de los de mejor calidad que se producen actualmente en el mundo, ya que es de un bajo contenido en azufre, ligero y dulce; lo que le convierte en uno que es mucho más fácil de procesar, permitiendo que sea tratado por refinerías sencillas y más baratas, mismas que no podrían hacer los mismo con símiles o derivados provenientes de otras regiones del mundo, como los del Golfo Arábigo. (Bahgat, 2014)

De esta manera queda en evidencia el potencial energético que bien podría incentivar un cambio de paradigma en la política exterior distinto de aquél vivido bajo el régimen de Gadafi, durante el cual Libia no fue capaz de explotar su potencial, pues no se tuvo real interés en incentivar la inversión extranjera, olvidándose de la materia. Lo cierto es que la serie de sanciones económicas que se le impusieron por fomentar el terrorismo y por promover las armas de destrucción masiva, así como la despreocupación por fomentar la explotación de las reservas de gas, la burocracia que no promovía gente especializada con capacidad técnica y de gestión accediera a los puestos de mando de las empresas petroleras y en general una serie de duras cargas fiscales junto con deficiencias institucionales y administrativas y restricciones de inversión extranjera fueron algunas de las acciones que hicieron se desaprovechara un mercado factible. (Bahgat, 2014)

En este nuevo marco internacional post-conflicto, Libia precisa de la ayuda del mercado para reconstruirse y asentarse. Dicha meta podría alcanzarse haciendo uso efectivo de la ventaja de venta energética que posee, sirviéndose de su privilegiada posición geográfica próxima a Europa, puerta del continente Africano y paso del mar mediterráneo. Es así como se prevé Libia buscará ejecutar una política exterior que le demuestre como un Estado unido, consolidado y abierto al mundo occidental, adecuado además para recibir inversión. No obstante, bien valdría recordar que el país tiene tintes de todo, menos de estabilidad social y política, realidad que se presenta como un auténtico reto a resolver para este país resurgido del conflicto interno. Lo anterior implica que ejecutar el cambio de paradigma en política precisa de una serie de políticas internas entre las que destacarían mejorar el clima de seguridad, extender la estabilidad política y reforzar la legitimidad de la autoridad central en Trípoli, reconstruir infraestructuras económicas, fomentar un mercado financiero liderado por el sector privado y respaldado por las inversiones extranjeras. (Bahgat, 2014)

Asimismo, es factible que dicha política tenga éxito, toda vez que parece tiene el visto bueno por parte de la comunidad internacional. En especial podríamos mencionar el apoyo que la Unión Europea ha otorgado al nuevo Estado libio, evidenciando esto en un programa iniciado en el 2014 de 30 millones de euros para fomentar la transparencia, la democracia y la estabilidad a través del apoyo a políticas que respeten los derechos humanos, incentiven la capacidad administrativa pública y se mejore la salud y educación, entre otras cosas. (Bahgat, 2014)

Las dos tablas previas, obtenidas de la comisión de Relaciones Exteriores África, (Senado de la República. LXII Legislatura, 2014) nos demuestra el nivel comercial que hay entre los dos países. En general, podemos hablar de una relación estable que si bien no es una interacción comercial demasiado activa, es efectiva cuando se trata de mantener una cierta presencia e influencia en la región. Si consideramos que en el continente africano hay más de 50 países, es sumamente interesante descubrir que Libia se ubique entre los primero diez, lo que le ubica como el octavo socio comercial más importante para México en la región. Tener  presencia en el Magreb es fundamental debido a la importancia estratégica que representa en términos de geopolítica y seguridad internacional, motivo por el cual México se ha visto obligado a cambiar su estrategia en la región para consolidar su presencia en la zona a través del impulso de acuerdo bilaterales en materia de cooperación educativa, cultural y tecnológico-científica. A su vez, argumenta que África del norte representará para México el camino natural para alcanzar una mayor diversificación del comercio exterior. En ese sentido, recomienda que deba fortalecerse el comercio, principalmente, de bienes de consumo tales como los sectores de bebidas, de medicamentos genéricos, del sector agroalimentario, de productos farmacéuticos y paramédicos; así como de autopartes, electrodomésticos, de construcción e infraestructura petrolera.

A su vez, podríamos aseverar que la relación México-Libia es una que se funda en el respeto mutuo, en el reconocimiento cultural y en el diálogo. No obstante, también es perceptible un sentimiento de insatisfacción por parte de Libia, así como de otros países de la región. Ello quedó en evidencia durante la mesa “conociendo el mundo árabe” organizada por el Instituto Tecnológico de Monterrey en el año 2014, a la cual asistieron diplomáticos de Libia, Egipto y la República Saharahui. En ella, todos los representantes dejaron en claro que si bien la relación económica, política y cultural es positiva, los intercambios se hallan muy por debajo de lo deseable y posible, subestimando el potencial latente. El embajador de Libia Muftah Altayar incluso declaró que “Si México quiere un pedazo de pastel en el mundo árabe, requiere ser muy inteligente y agresivo, y no sólo desear”. Expuso que en las reuniones con funcionarios mexicanos, siempre queda de manifiesto el deseo, la voluntad y las ganas de mejorar el intercambio económico, pero que el sólo deseo es insuficiente. A su vez, se tomó la libertad de hacer un llamado de atención: “Debemos ser más agresivos; la competencia en el mundo árabe y África es muy difícil. Tenemos a China, a los coreanos, a los filipinos, los turcos”. En la misma línea, todos coincidieron en que México debería abrir más embajadas y consulados en África para estrechar relaciones con la región. (Notimex, 2014)

Conclusiones: El desarrollo histórico de Libia nos ha demostrado que el país siempre se ha visto rodeado de circunstancias difíciles y adversas, situación que ha derivado en que hayan tenido diferentes tipos de política exterior, pasando de una idealista, activa y belicosa, a una más bien pragmática que busca y vela la mera supervivencia. En este sentido, el caso de Libia es un caso de estudio interesante porque nos permite identificar, señalar y analizar los distintos elementos que pueden conformar la política exterior de un Estado determinado; desde la figura particular de un dirigente y la azarosa fortuna de la posición geográfica y de posesión de recursos naturales únicos hasta la practicidad que se exige en un momento dado debido a situaciones internas de complicada solución. En definitiva, la hipótesis propuesta fue comprobada cuando se argumenta que actualmente Libia no tiene una política exterior del todo definida. Tan sólo tiene atisbos que le permitirán a la postre tener una mucho mejor planificada. Por lo pronto, la practicidad es la que impulsa al Estado a romper con una herencia desastrosa proveniente de Gadafi que aunque tenía una política exterior más definida, no parece que fuera del todo acertada si consideramos que de lo que se trata es de ayudar a la gente a la cual en teoría, sirves.

A su vez, la relación México-Libia es una que mantiene estabilidad y cierta interacción. No obstante, es cierto que no se ha involucrado demasiado en la región. Si algunos teóricos mencionan al Magreb como una zona con múltiples oportunidades, hallamos aquí un defecto o de discurso o de planificación política efectiva que se proyecte auténticamente al norte de África.  

 Bibliografía:

Acosta, M. (2015). La primavera árabe y la configuración geoestratégica regional.  CEID. Recuperado de http://www.ceid.edu.ar/seri /2011/CEID_DT_87_MARIA_ELENA_ALVAREZ_ACOSTA_LA_PRIMAVERA_ARABE_Y_LA_CONFIGURACION_GEOESTRATEGICA_REGIONAL.pdf

Aznar, J. (2005). La unión de Egipto y Libia y el nacimiento de un nuevo Estado. CEPC,9.  Recuperado de http://www.cepc.gob.es/publicaciones/revistas/fondo-historico?IDR=13&IDN=1156&IDA=34221

Bahgat, G. (2015). Petróleo y política en Libia.  AFKAR/ IDEAS. Recuperado de http://www.iemed.org/observatori/arees-danalisi/arxius-adjunts/afkar/afkar-ideas-41/Petroleo%20y%20politica%20en%20Libia%20-Gawdat%20Bahgat.pdf

Bruce, R. (2002). New era in American- Lybia relations. Middle East Policy, 9. Recuperado de http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1475-4967.00071/full

Delgado, J. (2008). Reinserción de Libia en el Sistema Internacional un verdadero proyecto de Estado. CEID. Recuperado de  http://www.ceid.edu.ar/biblioteca/2008/jeronimo_delgado_caicebo_reinsercion_de_libia.pd· Franco, P. (2014). Al Qaeda en Libia antes y después de Gadafi. Política Exterior, 28. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4631790

Kausch, K. (2015). El problema libio en Túnez. Policy Brief. Recuperado de http://fride.org/download/PB%20esp%20%20134%20ok%20(2).pdf

Marín, R. (2012). Política y represión en el Medio Oriente y el Norte de África: dos importantes causas de las manifestaciones sociales en la actualidad.  En L. M. Delmonte (Ed.), El pueblo quiere que caiga el régimen. Protestas sociales y conflictos en África del Norte y Medio Oriente (pp.67-84). Ciudad de México, México: El Colegio de México.

Mujíca, E. (2008). África: enclave y Asimetría petrolera”. Sociologando. Recuperado de http://www.sociologando.org.ve/pag/index.php?id=67&idn=95&r_num=2>. 18 de Septiembre de 2008

Notimex. (25 de abril de 2014). Relación de México con mundo Árabe debe mejorar: diplomáticos. Obtenido de 20 minutos: http://www.20minutos.com.mx/noticia/b143317/relacion-de-mexico-con-mundo-arabe-debe-mejorar-diplomaticos/

Observatory of Ecomic Complexity. (2014) Libia. Obtenido de The observatory of Economic Complexity: http://atlas.media.mit.edu/es/profile/country/lby/

Revilla, M. (2015). La Primavera Árabe y las revoluciones en Medio Oriente y Norte de África: episodios, acontecimientos y dinámicas. Colegio de México. Recuperado de http://www.fesweb.org/uploads/files/modules/congress/11/papers/1895.pdf  

Senado de la República. LXII Legislatura. (2014). Comisión de Relaciones Exterior África. Histórico comercial-diplomático. Obtenido de México en el Mundo. Diagnóstico y Perspectivas de las Relaciones Internacionales.: http://mexicoenelmundo.senado.gob.mx/Com-de-Rel-Ext-Africa.php

Vandewalle, D. J. (2006). A History of Modern Libya. Cambridge University Press.

Whitehouse, H., McQuinn, B., Buhrmester, M., y Swann, W. J. (2014). Brothers in arms: Libyan revolutionaries bond like family. Proceedings Of The National Academy Of Sciences Of The United States Of America, 111(50), 17783-17785. doi:10.1073/pnas.1416284111

*Griselda A. Macareno – Marco Árcega Corona – Alumnos de Universidad de las Américas Puebla, de la carrera Relaciones Internacionales.

La Voz del Árabe (LVÁ) – UNIVERSIDADES – Cd. de México, enero 24 del 2018

1923total visits,1visits today